O dano cerebral desde a educación social

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Continuamos co proxecto de estender o coñecemento do dano cerebral desde diferentes disciplinas. Desta volta publicamos un artigo das educadoras sociais de Sarela Noelia Parente Vieites e Noelia Nieto Lojo e titulado ‘La persona crece con el grupo y el grupo crece con las personas”.

Esta serie de artigos sobre o dano cerebral desde diferentes disciplinas comezou hai dous venres co texto ‘Neuropsicoloxía do dano cerebral adquirido: breve resumo da situación actual’, da psicóloga Vanessa Vilas.

La persona crece con el grupo y el grupo crece con las personas

El Daño Cerebral Adquirido (DCA) llega a nuestras vidas sin avisar, sin que estemos preparados para ello. Las personas que lo sufren tienen que aprender a vivir con una nueva situación y todo lo que conlleva enfrentarse a lo desconocido.

Por  sus especiales características, el DCA comprende tanto aspectos de salud como sociales. Puede conllevar importantes secuelas físicas, cognitivas y conductuales que alteran todas o casi todas las esferas de la vida de la persona: su personalidad, su autonomía,  su independencia, sus relaciones interpersonales, etc. haciendo que lo que antes era lo habitual sea ahora lo extraordinario.

Por lo tanto, se plantea la necesidad de establecer un continuum desde la aparición de las lesiones y su atención hospitalizada y rehabilitación, hasta llegar  al terreno de los servicios de mantenimiento de habilidades, participación e inclusión en los entornos comunitarios.

Su carácter mixto en las limitaciones y capacidades de las personas requiere enfoques integrales, adecuados a la edad y  necesidad específica en cada caso, lo que implica la participación conjunta y coordinada de un equipo interdisciplinar.

En los primeros momentos, justo después de sufrir un DCA (sea por traumatismo, accidente cerebro vascular, infecciones etc) es fundamental una rehabilitación INTEGRAL para poder paliar esas carencias que se consideran fundamentales: caminar, hablar, etc. En estos momentos, lo prioritario no es  por ejemplo, el ocio, el manejo del tiempo libre,  la búsqueda de relaciones interpersonales…

Pero LA VIDA ES ALGO MÁS. La calidad de vida de una persona, se mide también por la calidad de sus relaciones, de su ocio y de su capacidad y posibilidad de disfrutar del mismo lo que hace que el día a día sea interesante y se salga de la rutina.

Las relaciones interpersonales y el ocio son un derecho humano básico como la educación, el trabajo y la salud, y nadie debe ser privado de él por razones de género, orientación sexual, edad, raza, religión, creencia, nivel de salud, condición económica y tampoco por tener una discapacidad.

Día a día  compartimos diferentes experiencias humanas que nos hacen ver que por muy diferentes que sean las personas, siempre se puede encontrar un punto de igualdad en el que hay múltiples beneficios: sentirse parte del grupo, ser “capaz de”, la libertad de elección, creatividad y satisfacción.

El DCA y sus múltiples consecuencias hacen que un grupo sea heterogéneo: no hay una sola patología sino que confluyen diferentes limitaciones lo que hace si cabe mucho más rico,  a la vez que complicada nuestra labor.

A la hora de planificar diferentes dinámicas de grupo para trabajar  la memoria, atención, distensión, habilidades sociales o para organizar salidas en el entorno comunitario,  hay que realizar las adaptaciones necesarias para conseguir que todos sean agentes activos.

Eso implica la continua necesidad de superar retos ofreciendo diferentes oportunidades, usando eficazmente los  recursos disponibles, la creación de condiciones idóneas de cooperación y asunción de  riesgos de fracaso.

Por ejemplo, acudir a una exposición a un museo requiere tener en cuenta múltiples factores: estudio previo de la exposición  o solicitud  de un Guía,  número de profesionales que acuden (para poder conducir a las personas en sillas de rueda,  guiar a las personas con deficiencia visual, estar pendiente de los  problemas conductuales o que se desorientan con facilidad), adaptaciones del Museo ( sin barreras arquitectónicas, baños aptados, aparcamiento cercano) y organización de horarios para no interferir en la práctica diaria.

Protagonizar una obra de teatro para representarla al conjunto de la comunidad supone la creación de un guión adaptado (frases cortas y sencillas, estructura muy marcada con pausas musicales), tener los apoyos humanos necesarios para la realización de diferentes escenas,  buscar el equilibrio de protagonismo en el conjunto de la obra a pesar de las grandes limitaciones que algunas personas tienen.

Todos estos hándicaps se ven superados cuando somos conscientes de que acaban siendo potenciadores de capacidades,  como el día en  que J.G. persona que no participaba espontáneamente en el grupo, por timidez y apatía, cantó una canción que él conocía y el grupo reaccionó de forma positiva (aplausos, risas, ánimos etc.). Ahora podemos decir que J.G. es una persona con más iniciativa, sonriente y que ya no encuentre interesante estar en el grupo sin participar. Tiene una intención comunicativa  lo que a la vez hace que el grupo lo sienta como una pieza clave del mismo.

Así, comprobamos que la persona crece con el grupo y el grupo crece con la personas. Esta interdependencia es lo que hace enriquecedor nuestro trabajo.

El grupo les aporta seguridad respecto a un entorno social que en ocasiones les desconcierta, ante el cual sienten complejos, inferioridad e incertidumbre o del cual directamente perciben rechazo. Pero hay que verlo como un gran logro el haber movilizado la voluntad de estas personas para salir del domicilio preparándolos para enfrentar con más recursos la inclusión en entornos normalizados.

Por lo  tanto, como educadoras sociales y agentes mediadores, no solo buscamos cambios en el propio individuo y en el grupo, sino también en la sociedad, favoreciendo el reconocimiento, aprecio e integración de estas personas en el entorno si olvidarnos del apoyo fundamental que suponen las familias.

El objetivo es que esas relaciones que se crean diariamente entre en el grupo deriven en una  plena inclusión  social. Nos convertimos en mediadores entre las personas con DCA y la sociedad y gracias a esa inclusión garantizaremos responder a una serie de necesidades que nuestras personas usuarias tienen: (físicas, comunicativas y sociales) utilizando los mismos equipamientos y los mismos servicios y recursos que los utilizados por el resto de la población.

Eso garantizará  que pueda estar presente en todas las esferas del entramado comunitario: ir al cine o función teatral, acudir al gimnasio, asistir a un partido de fútbol o una exposición etc. y que se produzca un cambio en cada una de esas personas con  las que nos encontramos en el camino.

Los Educadores Sociales basamos nuestra acción en la relación de las personas entre sí y de estas con la sociedad en todas sus facetas, de ahí que el eje de nuestra vida profesional en el Centro de Día  de la Asociación de Dano Cerebral de Compostela Sarela se base en la consolidación de esas relaciones interpersonales y con el entorno comunitario.

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